Escrito por Laura Xicota
¿Educación o Tortura? España vs Finlandia
Son las 7 de la tarde y mi teléfono suena para dar una clase en la universidad. Nunca imaginé que dar clases podría ser tan gratificante, pero aquí estoy, aportando mi entusiasmo y pasión a estos jóvenes. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme qué sucede fuera de las aulas que está afectando la educación en nuestro país. Mientras me esfuerzo por inspirar a mis alumnos, me doy cuenta de que España, con su mirada desencantada, sigue suspendiendo en la materia. ¿Cómo es posible? Me preocupa y me intriga, y en esta búsqueda de respuestas, miro hacia el norte: Finlandia.
Si hay un país que parece tener la receta mágica para el éxito educativo, ese es Finlandia. Con su modelo escolar que se asemeja más a una obra de arte que a un sistema educativo, los finlandeses han demostrado que una educación inclusiva, activa y centrada en el bienestar del profesor puede transformar una nación. Fácil, sentido común, ¿no? Mientras tanto, aquí en España, donde cada día aprendemos nuevas maneras de evitar el esfuerzo, seguimos navegando en aguas más turbias que el mar Mediterráneo tras una tormenta.
Primero, es esencial reconocer el impacto positivo del sistema educativo que ha construido Finlandia. En ese país, los maestros son valorados como profesionales esenciales, no como meros burócratas atrapados en procesos administrativos. Cuando se les brinda formación continua y autonomía en el aula, los resultados son palpables: los estudiantes aprenden de manera efectiva y se convierten en ciudadanos comprometidos.
En contraste, en España nos encontramos en un momento crítico. Mientras Finlandia asegura una educación gratuita y accesible para todos, nosotros todavía estamos debatiendo cómo implementar tarifas para materiales y actividades extracurriculares. Esta mentalidad nos aleja del verdadero objetivo: formar a las futuras generaciones en un sistema que prioriza el aprendizaje y el desarrollo integral.
Por ende, también es fundamental que los estudiantes entiendan su responsabilidad en este proceso. Respetar la estructura del aprendizaje no es solo una obligación, sino una inversión en su futuro. Están formando las bases de una sociedad que los necesita para impulsar un verdadero cambio. La educación es la clave para superar nuestra situación actual como sociedad.
Invertir en una educación de calidad no solo se traduce en una mejor preparación de nuestros jóvenes, sino que también es vital para el crecimiento económico y social de nuestro país. Necesitamos urgentemente reflexionar sobre cómo valoramos a nuestros docentes, las condiciones en las que trabajan y los recursos a su disposición.
Este llamado a la acción no es una lucha de poder, sino un grito de respeto y admiración por una profesión difícil y hermosa. No podemos permitir que el acceso a una educación de calidad se convierta en un lujo. Es hora de que adoptemos un enfoque que priorice la educación como un derecho fundamental, asegurando que todos nuestros jóvenes tengan la oportunidad de aprender y prosperar. Solo así podremos construir una sociedad más fuerte y resiliente.
Y os digo algo… en mi opinión, es fundamental que los jóvenes no solo reciban una educación, sino que también se les introduzca a las habilidades que el mercado actual demanda. En un entorno laboral en constante cambio, es crucial que los estudiantes adquieran competencias prácticas y relevantes que les permitan integrarse con éxito en el mundo laboral. Esto no solo los equipará con herramientas valiosas, sino que también les ofrecerá un camino más sólido y menos confuso hacia su futuro profesional.
Muchos estudiantes me plantean la misma pregunta: «¿Y ahora qué?» Esta incertidumbre no solo refleja la falta de orientación, sino también la desconexión entre la educación y las realidades del mercado laboral. Como sociedad, debemos reconocer que permitir que nuestros jóvenes se enfrenten a este vacío es un lujo que no podemos permitirnos. Es nuestra responsabilidad como nación proporcionar las herramientas y el conocimiento necesarios para que puedan salir al mundo laboral con confianza y preparación.
Invertir en la educación que les ofrezca claridad y propósito no es solo un beneficio individual, sino una necesidad colectiva que fortalecerá nuestra economía y garantizará un futuro más próspero. Los estudiantes merecen un camino claro, y nosotros, como sociedad, debemos asegurarnos de que lo tengan.
Lo que veo es que detrás de toda esta historia, los números no mienten. Podríamos hablar de la ‘Gran Broma Española’. Mientras Finlandia disfruta de tasas de desempleo juvenil por debajo del 10%, en España nos encontramos atrapados en un ciclo de desempleo juvenil que roza el 30%. ¿Adivinas cuál es la diferencia? Ellos invierten en educación, preparando a sus estudiantes para un futuro incierto, mientras que nosotros seguimos lidiando con la realidad de que la única preparación que estamos ofreciendo es cómo sobrevivir a un examen tipo test.
Los finlandeses tienen una visión clara de que la educación es la base de una nación próspera. En lugar de optar por la satisfacción inmediata, han apostado por el sacrificio a largo plazo. Y aquí estamos, tratando de obtener resultados al día siguiente, convencidos de que un par de reformas superficiales en nuestra educación harán maravillas. ¿Es que nadie lo ve? ¿Es que nadie va a actuar?
Si queremos que España no solo sea conocida por sus tapas y su fútbol, necesitamos reimaginar nuestra educación. En vez de conformarnos con ser un país que sigue a la retaguardia, deberíamos mirar hacia el brillante faro que representa Finlandia y preguntarnos: ¿Cuándo nos pondremos serios para construir un sistema educativo que realmente prepare a nuestros jóvenes para el futuro?
En resumen: ¡que vivimos en la era de la información y aún estamos lidiando con métodos educativos del siglo pasado! Es hora de que tomemos acción, dejemos el sarcasmo para la sobremesa y empecemos a construir un futuro en donde nuestros jóvenes tengan la oportunidad de brillar, no solo en exámenes, sino en la propia vida.
